La obra de la pintora Julia López (1935-2025), que entabla un diálogo entre la identidad afrodescendiente, la naturaleza y las festividades, se expone en la Casa Miguel Alemán del Centro Cultural Los Pinos.
La exposición Julia López: Pinceladas de luz y fantasía reúne 30 piezas que retratan la cultura afrodescendiente de su natal Ometepec, en Guerrero, las cuales la artista elaboró de forma autodidacta. La muestra se inauguró ayer en el marco del Festival Culturas Afro en Los Pinos: Sabores y Saberes.
Curada por la maestra Estela Duarte, la exposición es un viaje que refleja la alegría y el color de la cultura afrodescendiente en el suroeste del país, explicó la historiadora del arte en entrevista con La Jornada:
“Como parte de este coloquio de dos días sobre afrodescendencia, la subsecretaria de Cultura, Marina Núñez, propuso que hiciéramos una exposición sobre Julia López, cuya obra conoció gracias a la hija de la artista, Azul Morris, y le encantó la idea de poder conjugar este acto de reflexión con la muestra. Las piezas forman parte de la colección de la familia de la artista, quien además tuvo una producción muy amplia de cuadros, serigrafías y otras técnicas”.
Disciplina férrea
Julia López llegó a la Ciudad de México alrededor de 1950, tras haber salido de su natal Ometepec y pasar un tiempo en Acapulco. Cuando empezaba a trabajar conoció a Frida Kahlo, quien le propuso participar como modelo para pintores en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado La Esmeralda, ahí conoció a sin número de artistas entre los que destacan Diego Rivera, Aurora Reyes, Manuel Rodríguez Lozano, Carlos Orozco Romero, Enrique Echeverría, Eugenio Mingorance, Vladímir Kibálchich Rusakov Vlady y José Chávez Morado.
“También trabajó con Miguel Covarrubias que le decía: ‘Julia, vete a tomar clases de baile, eres una Venus de ébano’ y sí, así era su cuerpo. Ella me comentó que le dijo: ‘no, don Miguel, yo soy un palo, soy muy tiesa, no puedo’. Pero de ahí reflexionó: ‘¿por qué si ellos pueden pintar bien, yo no puedo?’ Y así lo hizo, empezó y tuvo una disciplina férrea. Produjo muchísima obra, desde serigrafías hasta pinturas de gran formato”, agregó.
Estela Duarte explica que la exhibición se divide en cuatro núcleos temáticos. “El primero se llama Añoranzas de Comaltepec. Ella nos decía que nunca abandonó su vida de niña, siempre tenía añoranzas de esa vida de infancia. La segunda es La sensualidad juvenil, algo que me pareció fundamental porque ella trabajó mucho el tema de la sexualidad. La tercera es La percepción es mi infancia, donde nos enfocamos en su forma de pintar a niños y, por último, Delicias frutales, donde destacamos su trabajo en bodegones y analizamos su forma de trabajo en gran formato.
“Ella realizó pinturas de pequeño, mediano y gran formato. Cuando la visité en su casa, le pregunté: ‘maestra, ¿dónde pinta, en caballete?’ Y resulta que no, para hacer las pinturas grandes ella extendía la tela en el piso y así pintaba. Yo no sé cómo lograba capturar la perspectiva prácticamente pintando en el piso y no como se hace habitualmente. Ella fue autodidacta y desarrolló su propia técnica, incluso para los andamios. Justo en esta muestra, el público podrá ver cómo fue la forma en que manejó la tez morena, siempre hacía mucho alarde de ser morena. Eso lo vemos incluso en un cuadro que es muy referido en su trabajo que se llama La familia, que hizo en 1991, en la que aparece ella junto cons sus hijas y su nieto.”
En palabras de la curadora, la pintura de Julia López es festiva, destacan los colores, la forma en que plasma a los animales, la vegetación, las flores. “Ver sus obras es como visualizar un edén. Aunque hay otros temas, su pintura es un paisaje luminoso que nos lleva a repensar la felicidad. Sus personajes no expresan mucho, pero si los vemos bien son atemporales, como instantáneas. Creo que a pesar de que es una muestra pequeña, es un buen homenaje a poco más de un año de su partida”, concluyó. La exposición Julia López: Pinceladas de luz y fantasía permanecerá abierta al público hasta el 13 de septiembre en la Casa Miguel Alemán del Centro Cultural Los Pinos. Entrada libre.
