Los organizadores de los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina d’Ampezzo han anunciado este lunes que investigarán la fabricación de las medallas olímpicas, después de que varios deportistas denunciaran que sus preseas se están rompiendo.
La campeona olímpica estadunidense de descenso Breezy Johnson, la medallista de plata sueca en esquí de fondo Ebba Andersson, la patinadora artística estadounidense Alysa Liu y el medallista de bronce alemán en biatlón Justus Strelow han sufrido percances, especialmente al saltar para celebrar sus victorias. Strelow la arregló él mismo, aunque con un arañazo.
Johnson avisó a sus compañeros el domingo. «No saltéis con ellas. Yo estaba saltando de emoción y se rompió. Seguro que alguien lo arreglará», dijo ante los periodistas. La medalla se cayó del cordón y Johnson dijo que había quedado «un poco rota».
El director de operaciones de los Juegos, Andrea Francisi, explicó a los periodistas que eran conscientes de la situación y que estaban investigando cuál era exactamente el problema.
No es la primera vez que la calidad de las medallas olímpicas queda bajo escrutinio.
Después de los Juegos Olímpicos de Verano de 2024 en París, algunas medallas tuvieron que ser reemplazadas luego de que los atletas se quejaran de que estaban comenzando a empañarse o corroerse, lo que les daba un aspecto moteado similar a la piel de cocodrilo.
Por otra parte, el suizo Franjo von Allmen se convirtió este sábado en el primer campeón olímpico de los Juegos de Invierno de Milán-Cortina al llevarse la victoria en el descenso, prueba reina del esquí alpino, en la mítica pista Stelvio de Bormio.
Von Allmen, de 24 años y ya vigente campeón mundial de esta disciplina, superó en el podio a dos italianos, Giovanni Franzoni (plata, a 20 centésimas) y Dominik Paris (bronce, a 50 centésimas), mientras que el suizo Marco Odermatt (a 70 centésimas) tuvo que conformarse con el cuarto lugar.
Con un cielo azul y el dorsal número 8, Von Allmen dominó con maestría la exigente Stelvio de arriba a abajo, sin dejar ninguna opción al resto.
Con 70 centésimas de ventaja sobre Odermatt, que había salido justo antes que él, el suizo de 24 años, debutante en los Juegos de Invierno, comprendió pronto que había tenido un descenso espectacular y se permitió ya levantar los brazos en modo campeón, con los esquíes en las manos, delante de los aficionados suizos, muy numerosos en las tribunas.
Instalado entonces en el hot seat, reservado al líder provisional de la prueba, el campeón mundial suizo esperó con cierto nerviosismo los descensos de Franzoni y Paris, ídolos locales.
Ambos estuvieron muy sólidos, pero perdieron algo de tiempo en el tramo final del trazado, molestados quizás en parte por el paso de una nube, que disminuyó ligeramente la visibilidad en los últimos metros de la pista.
Se están rompiendo las medallas olímpicas
