El polvo se levanta con cada paso en los caminos de terracería que llevan a San Miguel el Alto, una comunidad enclavada en la zona boscosa del municipio de Ixtlahuaca, que tenía un narcolaboratorio en activo de metanfetaminas.
Aquí, donde el sonido del viento solía ser lo único que rompía la quietud, la presencia de vehículos oficiales ha cambiado el paisaje. La escuela no abrió sus puertas y los habitantes observan con recelo a los extraños.
El miércoles, tras una denuncia ciudadana sobre hombres armados en las inmediaciones, las autoridades llegaron al lugar y descubrieron lo que muchos temían pero pocos se atrevían a denunciar: un laboratorio clandestino de metanfetamina.
De acuerdo con los manifestantes, se colocarán 200 pares de zapatos y 400 veladoras; familias buscadoras también protestarán
Los operativos comenzaron de inmediato pero los hallazgos revelan que la actividad criminal había estado operando en la zona durante un tiempo considerable. Aunque no se logró el aseguramiento de alguna persona.
El miedo y el silencio, como monedas de cambio, habían mantenido a la comunidad en un estado de alerta constante, pero sin poder hacer mucho más que observar.
Desde el momento de la confirmación de la ubicación de un narcolaboratorio, el tiempo parece haberse detenido. Elementos de la Secretaría de Seguridad del Estado de México recorren la zona, para que los trabajos de levantamiento de evidencias puedan realizarse sin riesgos.
Sobre la tierra quedaron rastros de lo que ahí se producía. A cielo abierto, los precursores químicos permanecen como testigos de la operación que hasta hace poco se llevaba a cabo.
San Miguel el Alto
Los operativos comenzaron de inmediato pero los hallazgos revelan que la actividad criminal había estado operando en la zona durante un tiempo considerable / Ramses Mercado
El predio, cercado como propiedad privada, escondía un laboratorio clandestino destinado a la producción de metanfetamina. Al interior, las estructuras metálicas y los contenedores dan cuenta del proceso químico que ahí se realizaba. Ocho reactores de síntesis orgánica y ocho condensadores forman parte del equipo asegurado.
El movimiento en la comunidad no ha cesado desde el hallazgo. En las últimas horas, peritos de la Fiscalía General de Justicia del Estado de México y elementos de la Comisión Nacional de Seguridad han recorrido el laboratorio, analizando cada sustancia, cada contenedor, cada residuo químico. Son ya dos días de diligencias.
Para evitar riesgos, el personal pericial utiliza equipo de bioseguridad. Los trajes Tyvek cubren sus cuerpos por completo, lo que los protege del contacto con residuos tóxicos.
Las mascarillas impiden la inhalación de los vapores químicos que aún flotan en el aire del laboratorio clandestino. Cada paso de los peritos está cuidadosamente planeado para evitar cualquier posible exposición a los peligrosos compuestos químicos presentes en el lugar.
El costo del hallazgo
El Gabinete de Seguridad federal informó que en el lugar se aseguraron 70 kilos de metanfetamina, así como diversas sustancias químicas. El valor estimado de la droga incautada asciende a 3 mil 079 millones de pesos.
El operativo que llevó al hallazgo contó con la participación de elementos del Ejército Mexicano, la Guardia Nacional, la Secretaría de Marina, la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana y la Policía Estatal.
El hallazgo de este narcolaboratorio no es un suceso aislado. Según fuentes cercanas a la investigación, la comunidad de San Miguel el Alto ha vivido bajo el constante temor de represalias por parte de los criminales que operaban en la zona.
El miedo y la desconfianza han logrado que muchos prefieran callar por temor a las consecuencias de cualquier acción. Sin embargo, la denuncia ciudadana fue el punto de quiebre, pues llevó a las autoridades a actuar.
En municipios sureños comerciantes tienen que pagar derecho de piso; mil por día la cuota, denuncian
La comunidad, hasta ahora silenciosa, permanece expectante. La vida cotidiana ha quedado en pausa mientras las autoridades continúan con las diligencias. Afuera del laboratorio, el olor químico persiste en el aire.
Adentro, las sustancias abandonadas y las estructuras metálicas siguen en el mismo sitio, como si el tiempo hubiera decidido detenerse en San Miguel el Alto.